09/05/2016

Angèle Maeght, la felicidad ante todo

Angèle conserva intacta la pasión por la vida que tenía cuando era una niña. Fue precisamente durante su infancia cuando surgieron sus dos grandes pasiones: la cocina y los animales. Por eso resulta lógico que, a día de hoy, recoja a los gatos sin hogar de su barrio y haya creado un servicio de catering biológico con una doble finalidad, potenciar nuestro bienestar y proteger el planeta.

Profesión: fundadora del catering y el restaurante La Guinguette d´Angèle.
Barrio: 75014, París.

¿Si París fuese un alimento…?
Sería una berenjena. Chic, fría, colorida, original, sorprendente, un poco elitista también… O mejor aún, una cebolla. Porque, al igual que París, huele fuerte, hace llorar (en el sentido romántico de la palabra), está cargada de historia (se consume desde la Antigüedad en Europa) y tiene un lugar importante en el mundo del arte (Arcimboldo las solía utilizar para crear las mejillas en sus retratos).

¿Cuáles son tus lugares preferidos de París?
El mítico Café Flore, en Saint Germain des Prés. Me encanta el uniforme impecable de los camareros, la terraza y sobre todo el hecho de que aquí el oef à la coque se sirva de manera tradicional, con pan y mantequilla. Suelo quedar allí con mi madre los sábados, antes de pasarnos por la pastelería de Bon Marché.
La Coupole, es el lugar del París bohemio al que siempre han ido los artistas de Montparnasse. Cuando tenía 12 años, ya hacía novillos para escaparme allí y disfrutar de sus ostras.
Un paseo por las orillas del cinquième arrondissement, concretamente delante del Instituto de Moda Árabe. Cuando era pequeña mi padre me llevaba en bici y bailábamos salsa con grupos profesionales. Hoy seguimos haciéndolo, pero tengo que admitir que bailamos muy mal. Y para acabar, no puedo dejar de citar los Jardines del Palais Royal, la Galerie Vivienne, el parque de Buttes-Chaumont, el mercado d´Aligre y la Butte-aux-Cailles.
Le Flore, 172 Boulevard Saint-Germain, 75006 París
La Coupole, 102 Boulevard du Montparnasse, 75014 París

¿Una tradición típicamente parisina?
Aunque los parisinos tienen costumbres no demasiado buenas, como la de beber constantemente café solo, también las tienen maravillosas. Mis dos preferidas: organizar fiestas en casa -que se convierten en verdaderos guateques- y decidir ir a la Ópera Garnier en el último minuto. Se consiguen entradas muy baratas pero las localidades son muy malas.
Opéra Garnier, 8 rue Scribe, 75009 París.

¿Un recuerdo emocionante de París?
Es difícil escoger solo uno… Cuando éramos pequeños, mis hermanos y yo dormíamos en la azotea de casa, bajo un manto de estrellas y envueltos en edredones. Veíamos las luces de París parpadear e imaginábamos las fiestas y las cenas. Después, nos despertaban los coches, el cielo rosa, los vendedores… Era mágico. También me acuerdo de Roger y Ginette, nuestros vecinos charcuteros. Me conocieron cuando solo tenía unas horas. Como no tenían hijos me pasaba el día en su charcutería. ¡Era como una reina en su cocina! Hacía quiches a los dos años, huevos en meurette a los tres… Recuerdo que en la acera de enfrente había un carnicero que recibía cabezas enteras de vaca. Me impactó mucho y fue cuando tuve claro que había que acabar con aquello y salvar a los animales. ¡A los dos años ya sabía en qué batalla quería luchar! ‪

¿Tu visión de la mujer parisina?
Creo que quiere dar la impresión de que no se esfuerza para estar guapa. La parisina dice con una convicción que me encanta: “¿Mi maquillaje? Llevo la cara lavada. Ni siquiera me he mirado en el espejo esta mañana”. Mientras que en realidad, pasamos muchísimo tiempo para conseguir un efecto effortless y para que nuestro rostro quede lo más inmaculado posible. Pero, al contrario que las inglesas, pensamos que hay un límite que no debe sobrepasarse, tanto en belleza como en moda. ¿El miedo de la parisina? Que la encuentren vulgar.

¿Cuál es tu rutina de belleza?
Es muy sencilla y se resume en dos palabras: limpieza e hidratación. Por la noche, me desmaquillo suavemente con aceite de coco aplicado con un algodón. Por la mañana, me lavo la cara y me pongo una crema purificante. Para nutrir mi piel me gustan los tratamientos sencillos que simplemente aporten una buena hidratación.

¿Un truco y un pecado de belleza?
En cuanto al truco, optaría por un peinado excéntrico y un maquillaje extremo a base de pestañas postizas (con plumas, por ejemplo). ¡Es fresco y original! Por el contrario, para mí es impensable llevar los ojos y los labios muy maquillados a la vez. Hay que saber elegir.

¿Qué te motiva a levantarte de la cama un mal día?
Yo salto literalmente de la cama por la mañana. Pero si algún día estoy de bajón, me repito un pensamiento positivo para sugestionarme. Por ejemplo: “Pasa un día agradable en armonía y con buen humor”. Cuando tengo tiempo también hago un poco de meditación y algunas respiraciones que me ayuden a relajarme.

¿Qué te hace sonreír?
Mi abuela, que a sus 90 años no para de reír. No se deja dominar por las contrariedades pasajeras y se pasa el día diciendo “¡Si da lo mismo!”. Estoy muy de acuerdo con su filosofía de vida.

¿Qué descubrimiento cambió tu vida?
Algunos alimentos. Como la cúrcuma que, además de ser un buen antiinflamatorio, hace que tengamos buena cara. La espirulina, un alga, también garantiza un rostro luminoso. Y para una limpieza cutánea en profundidad y una doble purificación de cuerpo y alma, recomiendo una semana de ayuno al año.

¿Tu secreto de belleza?
Es fácil: comer bien, dormir bien y, sobre todo, reír, reír y reír.

Las direcciones de Angèle en Paris…
¿Para tomar un café o un té? Cualquier café en el que la gente sea un poco auténtica.
¿Dónde comer con amigas? ¡En mi restaurante! La Guinguette d´Angèle, 34 rue Coquillère, 75001 París.

¿Tus lugares preferidos para pasear?
Con amigas, lo mejor para ver y ser vista es pasear por el Canal St. Martin. No dudéis en alargar el camino del Canal de l´Ourcq y llegar a la Vilette. Para un plan romántico, recomiendo el Parque de Buttes-Chamont o los jardines del Bois de Boulogne. Para finalizar, con niños aconsejo los jardines de Luxembourg. Yo crecí entre los columpios, los ponis y los barquitos que hay que empujar con un palo.